Capítulo 26 - Cacería al lado de mi hijo Antonio

Estimados compañeros, les voy a platicar de una cacería de los años 80s en el estado de Sonora, en la cual fuimos mis amigos Acosta, Girón, Arturo Tougby, su esposa Rebeca, Raúl Hernández y mi hijo Antonio, nos trasladamos en dos camionetas combi una propiedad mía y la otra de Raúl, las teníamos bien equipadas para poder salir a este tipo de cacerías, ya que eran tipo camper por lo que era muy cómodo para nosotros dormir en ellas, el viaje duró dos días y al llegar al lugar conocido como el Sargento que se encuentra dentro de los territorios de los Seris, había un sitio donde yacía un monumental Saguaro, ese era el lugar donde establecimos nuestro campamento, teniendo de fondo la majestuosa Isla Tiburón en el Mar de Cortez, lo que más impresiona del desierto de Sonora son los paisajes tan diversos que la naturaleza nos puede brindar, puedes caminar por lugares donde la arena parece alfombra sin ninguna piedra, como puedes caminar por sitios que son totalmente de piedras, montañas impresionantes y los colores que se pueden admirar, son un espectáculo, los que han tenido la fortuna de ir de cacería por aquellas tierras sabrán de lo que hablo.

Una vez instalados en el campamento, verifique que las armas estuvieran apuntadas, como tenía la referencia de las distancias en los campos de tiro, no me costaba ningún trabajo definir la distancia de algún objetivo, mi rifle de cacería era un Remington 308, modelo 700 , súper ligero ideal para caminar grandes distancias, ya que todos los días caminábamos un promedio de 10 km aproximadamente, cerca del campamento había una hermosa águila, y todos coincidimos en que nadie le apuntara y menos dispararle, durante los primeros tres días ninguno de los amigos y yo tuvimos suerte en encontrar un Bura como para trofeo, solo habíamos visto varias manadas de hembras y algunos machos pero eran algo chicos

Al día siguiente, estando a media altura de un cerro donde se podía divisar perfectamente el paso de anímales, eran como las cinco y media de la tarde, estaba muy acomodado en mi silla y me estaba durmiendo, de pronto cerraba los ojos y cuando los abría me ponía a buscar por el telescopio si había algo, así estuve en varias ocasiones, cuando en una de esas abro los ojos veo por el telescopio, y ahí estaba el venado más grande que había visto en mi vida! Me emocione bastante y le hice señales a mi hijo para que estuviera alerta, volví a apuntar al Bura, la distancia era de unos 200 metros y le dispare justo en el codillo, el animal salió corriendo y me baje como un loco por el cerro no importando nada, cuando llegué a lo plano llego unos de los guías que estaban con los amigos eran dos pero durante la cacería los estuvimos rolando para que fuera pareja la cosa. Tardamos unos 20 minutos en encontrarlo pero finalmente ahí se encontraba semejante ejemplar de 10 puntas, no son muchas pero la altura y el grosor de los cuernos dan como resultado un magnifico trofeo, que a la fecha es el mejor que he conseguido.

Durante esa cacería, la esposa de mi amigo Arturo mato otro Bura, mi hijo Antonio mató un Jabalí, fue muy peculiar, primero escuchamos un disparo a lo lejos y nos aproximamos para ver quien había sido el tirador, fue mi amigo Girón que había matado un Jabalí y le dijo a Antonio, ¿Quieres matar un Jabalí? A lo que contesto Toño claro que si en donde esta! Girón nos dice ahora viene esperen un poco, cosa que nos dio risa, pues como ven allá a los lejos venía el Jabalí, en esos momento veníamos acompañado de un guía el cual le dijo a Toño apóyate para que le tires, a lo que contesto Toño, la verdad no tiene chiste recargarme para tirarle, si lo voy a matar que sea de pie, y entonces le apunto como si fuera una silueta y le disparo como a unos 180 metros y le pego en el codillo y cayó bien seco.

También al día siguiente, encontramos otro Bura de 10 puntas buen trofeo solo un poco más delgado de la cornamenta del que yo había matado el día anterior, para esto el animal se encontraba bastante lejos, yo diría a unos 350 metros, mi hijo hizo el primer disparo y salió corriendo el venado, por lo cual le disparé y cayo adelante muerto, Toño me dijo le tire bien pero no sé qué paso, el venado es tuyo Papa, yo dije bueno vamos a ver qué pasa, cuando lo encontramos tenía un impacto en el codillo, y pensamos que era el único impacto, ya estaba casi oscuro y lo llevamos al campamento, todo mundo me felicito, pero a la hora de sacar la copina, nos percatamos que también tenía un impacto en la pata trasera, entonces de acuerdo a la primera sangre le dije a Toño ese venado es tuyo aunque no lo mataste al primer tiro le pegaste y por lo tanto es tuyo, cosa que me lo agradeció infinitamente.

Al día siguiente, estaba caminando junto al hijo de uno de los guías, cuando de repente sale a la brecha como a cincuenta metros un bura de 8 puntas iba caminado despreocupado, yo le apunte y lo vi y era más chico de los dos anteriores, entonces pensé que no era necesario matarlo, se veía muy manso y se nos quedó mirando parado en frente de nosotros, le dije a ese muchacho si quería dispararle, pero él tampoco quiso hacerlo, mi hijo estaba en otro rumbo y no andaba conmigo, pero seguramente tampoco le hubiera disparado, el venado se fue caminando.

Ya por la noche, la cual fue la última estábamos todos cenando carne de venado y de jabalí, cuando Toño se fue con Raúl a ver si mataban un coyote, se llevaron una grabadora con una cinta de una liebre herida se fueron como a 100 metros del campamento, la grabadora la colocaron como a unos cincuenta metros sobre una brecha y esperaron a ver si salía un coyote. Nosotros estábamos muy cómodos, y entonces el cocinero estaba preparando una trago y nos dice, saben que está diciendo el coyote, “esa marca de grabadora tengo tres en mi cueva”, nos reímos bastante, al rato llegó mi hijo y Raúl muertos de la risa, y nos dicen que cuando esperaban que apareciera el coyote, éste llegó corriendo, muerde la grabadora y se la llevó como a los 10 metros la soltó y siguió corriendo, fue tanta la sorpresa y el asombro por la necesidad del coyote que ni siquiera le quisieron apuntar.

Al día siguiente, partimos rumbo a casa con una grata convivencia entre los amigos, de los cuales Girón y Acosta que en paz descansen me dejaron grandes recuerdos y la convivencia con mi hijo fue extraordinaria.

Hay una cosa muy cierta que vivimos en aquella cacería, y fue la del respeto hacia los compañeros de caza, respetar sus opiniones y la de respetar la vida silvestre, cuando ya hayas obtenido tu trofeo no debes de matar por matar.


FEDERACION MEXICANA DE CAZA, A .C.

logo FEMECA                        MEXICO, D.F. A 28 de Abril 2014.

 

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